LO ÚLTIMO 10/08/2017

López y el zeppelin que no remonta

El primero fue ametrallado; al segundo le cortaron la soga. Ahora a López no lo quedó otra alternativa que reparar el zeppelin baleado pero con una limitación: al estar herido no puede ser remontado. Se lo transporta en camioneta hasta el comienzo de la veda publicitaria.

No es el sastre Güido Dinelli, quien en 1905 se tiró con una Bicicleta Aérea del Cerro Belgrano, voló 150 metros y cayó aparatosamente, ignorando que acababa de entrar en la historia de la aviación.

No es el Loco Peyrel, acróbata temerario que se mató en su avión mientras arrojaba volantes del diario Nueva Era en el Hipódromo. No es un fanático del vuelo, de los aviones, de El Principito ni de Juan Salvador Gaviota.

Es López, el gremialista de los madereros. El enemigo número 1 de La Cámpora porque, según dijo, fue la agrupación creada por Máximo Kirchner la que lo dejó sin la dirección de la Universidad Barrial. Una animadversión por el cargo perdido, digamos, un rencor con escasa densidad ideológica. Hasta que tiempo después una carambola con rosca lo depositó en la interna menos deseada, justo contra La Cámpora, pero en evidente desigualdad de recursos económicos.

Aún así López se las ingenió para cursar su respetable protagonismo mediático. Las peripecias de su zeppelin, además, le siguen dando resultado, aunque el final tenga cierto matiz grotesco. Un dirigible que no remonta y que debe ser transportado en la caja de una camioneta para cumplir su raid publicitario es, casi, un chiste de Groucho Marx.

Sin embargo, a pocas horas del cierre de la campaña, como aquellos gladiadores dispuestos a vender cara la derrota, López no se rinde. Recuperado del dolor que le dejó la pérdida de su segundo globo -al que ayer manos anónimas le cortaron la soga para que en este momento esté sobrevolando Misiones, repitiendo la suerte del primer globo donde había estampado su nombre en concubinato político con Sergio Massa-, quedó una sola posibilidad: reparar el zeppelin que había sido ametrallado con balines de un aire comprimido para, al menos, lucirlo a ras de suelo.

Parafraseando al pensador y talabartero uruguayo, Asdrubal Bettone, la imagen del zeppelin desinflado se asemeja a una metáfora de hasta dónde podrá volar en las urnas la Lista 4 de Unidad Ciudadana. En respuesta, López podrá urdir del cancionero de Facundo Cabral su célebre "Vuele bajo". Piadoso telón para la campaña en el ámbito lugareño. 

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