ACCIDENTE E HISTORIA 03/09/2017

La pesadilla de Morel: de Bioy Casares al Río Paraná

"Hoy en esta isla ha ocurrido un milagro", comienza diciendo la novela "La invención de Morel", de Adolfo Bioy Casares. Anoche, cerca de General Belgrano, ocurrió otro milagro con la empresa de Mario Morel.

Sincronía de apellidos y de milagros. De Morel a Morel. De la ficción a la realidad. De la trama que en 1940 escribió el dilecto amigo de Borges al último episodio ocurrido a bordo de un micro Río Paraná, propiedad del emprendedor tandilense Mario Morel. Hombre que sostiene, remando contra la adversidad, una empresa que empezó en 1867 con una galera llamada La Protegida y que en 1919 fue comprada por Ricardo Juan Morel, su abuelo. La galera, génesis del Río Paraná, derivó en 1925 en el primer Ford T que llevaba ocho pasajeros, el cual fue carrozado en Talleres El Brazo. En 1938, Morel estrenó un modelo de vehículo llamado Internacional. Y ya bajo el nombre de "Mensajerías Morel" la inversión produjo un salto tecnológico impactante. Hasta que en 1950 apareció en escena Ricardo Morel, hijo, momento en que la empresa pasó a llamarse "El Tandilero" con nuevos y variados recorridos. Luego se llamó Microsur y finalmente a partir de 1950 alcanzó el definitivo nombre de  Expreso Río Paraná.

Ese hombre visionario era el padre de Mario Morel, quien anoche -junto a los 13 pasajeros y los dos choferes del micro que volcó en cercanías de General Belgrano- volvió a vivir. Para salir indemne de la peor pesadilla que le faltaba a una empresa muy castigada por los usuarios, y confirmar el milagro del que habló el otro Morel, el de la novela de Bioy Casares. Un vuelco con heridos que podrán contarla, es decir sin tener que lamentar la irrevocable fatalidad de la muerte.

En 1997, cuando el proceso de la globalización se hizo inexorable, Mario Morel debió tomar la posta de la empresa, tras la muerte de su padre. También tomó una decisión: no dejar que su pyme familiar terminara absorbida por las poderosas corporaciones del gremio. No estaba dispuesto a vaciar de identidad una empresa centenaria. Pagó caro la decisión puesto que Río Paraná es una de las pocas -sino la última- empresa del interior en conservar su origen frente a megaempresas favorecidas por corredores monopólicos. La consecuencia la pagó en la reacción de los usuarios: hasta una página en Facebook ("Víctimas del Río Paraná") fue creada para protestar contra las deficiencias del servicio. En contrapartida, pocas veces se le reconoció a Morel el transitar recorridos que no son rentables pero que cumplen una función social importante para el pasajero.

Más de una vez en los febriles mentideros del empedrado, ante las críticas recurrentes por el mal estado de las unidades, se le vaticinó a la empresa un final de catástrofe. En la madrugada del domingo el mal presagio pasó de largo pero sólo por milagro. En condiciones de viaje muy adversas, a 35 kilómetros de General Belgrano, por la ruta provincial 29, el micro mordió la banquina y el chofer ya no pudo controlarlo. Ocurrió luego que en ese preciso instante cayera un rayo que arrancó algunos árboles y el techo de una casa. El viento y la banquina embarrada hicieron el resto, pero la mano invisible del Ángel de la Guarda se posó sobre el colectivo volcado para que esta historia no tuviera un final dramático e irreparable. 

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