09/05/2019

Policiales VOLVER

Un violento libre, una víctima asustada y una Justicia inútil

Pamela estaba durmiendo con su beba de un año y medio.  Eran las 5 de la madrugada, cuando escuchó los golpes en la puerta del frente y las amenazas a grito en cuello.  Se levantó y fue hasta la ventana para tratar de ver lo que estaba pasando.  No entendía nada.

Nunca los había visto.  Eran dos hombres totalmente alcoholizados, a los gritos. Decían que tenían las llaves para entrar y exigían se les abriera la puerta.  Pamela entró en pánico.  Su hija también.  Empezó a llorar.

Se había desatado el infierno. Por un lado, el desconcierto de Pamela.  Los gritos para que se fueran, el aviso de que iba a llamar a la Policía.  Por el otro, la violencia creciente de los dos desconocidos que ahora intentaban arrancar la persiana y lo lograban para luego correr la ventana.

Desde ese momento, toda la fuerza de Pamela se concentró en evitar que ingresara uno de ellos, luego identificado como Sebastián Arozarena, en más sacado de los dos. 

Empezó la lucha de la que la mujer se llevó la peor parte.  Arozarena le pegó a puño cerrado en reiteradas ocasiones para quitarla del medio.  También le arrebató el teléfono y lo tiró a la calle.  

Pamela empezó a llamar a sus vecinos.  Sacaba la fuerza pensando en su pequeña de un año y medio que estaba en la pieza.  En defenderla de este ataque que se estaba convirtiendo en pesadilla.

Apareció una vecina, luego otros vecinos.  Finalmente la Policía.  Sometieron a Arozarena.  Para ese entonces, su cómplice ya había huido en una camioneta Amarok, aunque poco después lo detuvieron por los detalles que dieron los vecinos.

Pamela fue al Hospital.  Luego, a la Comisaría.  En todo momento sostuvo que nunca en su vida había visto a esas personas.  Y así era.  Con el correr de los días se enteró de que Arozarena tenía una pareja en la zona.  Su vivienda daba a los fondos de Pamela.  El argumento del violento fue que se había tratado de una equivocación: que él quería ingresar a la casa de su pareja y que se había equivocado.

La historia se vuelve más increíble aún cuando interviene la Justicia.  Pamela acude a la Comisaría de la Mujer y le dicen que no tienen intervención porque "no hay vínculo".  Pide una restricción de acercamiento y le dan el mismo argumento.  Luego la consigue engañando al sistema y haciendo pasar el caso como violencia de género. Reclama una sanción para el agresor y la Fiscalía le dice que fue un "lamentable incidente" por equivocación.  Hoy Arozarena va todos los días a la casa de su pareja, a menos de 50 metros de la vivienda de Pamela.

La Justicia y sus laberintos se ponen del lado del victimario, lo apañan y lo excusan.  Su estado de ebriedad, su equivocación y sus intenciones de pedir disculpas.  La Justicia borra de un plumazo el infierno vivido y lo que podría haber pasado si Arozarena y su amigo ingresaban al domicilio donde vive Pamela y su pequeña de año y medio.

Pero nada más indignante que escuchar el testimonio de Pamela en primera persona.

Escuchalo.


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