09/09/2019

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Denuncian a un acosador de una niña de 13 años en Movediza

Tiene 13 años y miedo de salir a la calle. Es acosada por un vecino que días atrás la siguió en el auto, en el barrio de Movediza. Se cansó de decirle obscenidades hasta que ella llegó a la escuela. Con su mamá, Ivana Alvarez, presentaron una denuncia en la Comisaría de la Mujer y la Familia y tuvieron asistencia de la Dirección de Violencia de Género. Recibió un botón antipánico con el que se mueve diariamente. No le devolvió la tranquilidad pero la ayuda. Sus amigos, que la acompañan para todos lados, hacen el resto.

Son vecinos. Acosador y acosada viven a menos de 100 metros, en el barrio de Movediza. Ella tiene 13 años y él roza los 50. Ella, la última vez que sufrió persecución y hostigamiento, terminó con un pico de llanto y nervios en la escuela y le contó a su madre. No era la primera vez que padecía al vecino.

El último episodio tuvo lugar cuando la pequeña iba para la escuela. Eran las 9.30. Iba fuera del horario habitual porque tenía que rendir un examen y nada más. Pasó por el frente de la casa del acosador y para su desgracia él la vio. Sacó el auto color gris oscuro con vidrios polarizados y a los pocos metros bajó la ventanilla y empezó a decirle de todo: obscenidades, barbaridades.

Acelera y parece que se aleja, pero a las pocas cuadras, a metros del CIC, en la zona de los puestos de artesanos, vuelve a la carga. Otra vez baja la ventanilla y escupe todo lo que se le ocurre.

La joven apuró el paso porque empezó a temer en serio. Cruzó terreno hacia el área del paseo de la Piedra Movediza, por una zona imposible para el auto, pero en algún momento tuvo que volver al camino, en las cercanías al buffet del paseo. Y entonces, otra vez apareció el auto gris, la ventanilla baja y el acosador. Otra vez las barbaridades. Esta vez abrió la puerta y ella vio cómo estaba vestido.

Entonces el temor fue mayor, paralizante. Por suerte, a esa altura, la escuela estaba cerca. Allí la recibieron los profesores y la contuvieron hasta que llegó Ivana, su madre. La asistieron en el CIC y la tranquilizaron. Le aconsejaron hacer la denuncia y así fue. Fueron a la Comisaría de la Mujer y la Familia salieron de allí con una denuncia, un botón antipánico y una orden de restricción de acercamiento.

Estos problemas son complejos en los barrios, porque denunciados y denunciantes conviven. Sus domicilios están a menos de 100 metros. Se conocen. Él tenía comercio y la conoce a la niña de más niña aún. Eso no le impide decirle las barbaridades que le dice. Pero las familias conviven, se rozan en el quehacer cotidiano. Como siempre, la familia el acosador desmiente, desconoce y descree.

Ella tiene 13 años. Más miedos que años. Un botón antipánico para salir a la calle, ir a la escuela, a la Iglesia o a hacer deporte. Un derecho estropeado: el de tener una infancia despreocupada.

A los 13 años sólo debería caber una obligación: ser feliz y andar por la vida con la ilusión de que siempre las cosas pueden ser mejor. El daño ya está. Imperdonable. Caminar con miedo, hablar del tema con vergüenza, moverse con amigos, hacer rodeos y evitar estar sola. El daño ya está y no hay botón que lo subsane.

Escuchá el audio.


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