10/09/2019

Policiales VOLVER

La historia más indignante que vas a escuchar en mucho tiempo

Hace unos días, María Dorrego puso su moto en venta. La idea era venderla, adquirir otra más barata y con la diferencia comprar leña y alimentos para su familia. Ella y su esposo no tienen trabajo formal y estable.

La publicó en los grupos de compra y venta de la ciudad y un interesado le pidió verla. Pasadas las 18 del viernes, aparece un hombre en el domicilio de María. Revisa la moto. La enciende. Le ofrece 15 mil pesos. Luego, le pide los papeles para verificar la numeración.

En ese momento, cuando la pareja de María va en busca de los papeles, ella recibe un empujón en el pecho que la derriba y el hombre huye a bordo de la moto. Fue un robo descarado, pero eso no fue lo más indignante.

Lo peor vino después, con la Policía, cuando María intentó recuperarla. "Hice la denuncia pero fue lo mismo que la nada", sintetiza. "La Policía me dijo que la dé por perdida".

María pidió que traten de rastrear la cuenta y el teléfono desde donde el ladrón mandó sus mensajes al grupo de compra y venta. También pidió que busquen en las cámaras de seguridad que están muy cerca de su casa y seguramente filmaron la huida.

María pidió lo que todo damnificado de un robo pide: que busquen. Y sólo encontró indiferencia. Bueno... no sólo indiferencia. Encontró algo peor, sarcasmo.

Le preguntaron si ella tenía causas penales. "Nunca entré a una comisaría", le respondió al joven al oficial que la atendía por teléfono. "Entonces, robá una (moto) que por una sola causa te dejamos libre".

Increíble el relato de la joven a la que no sólo le robaron su moto. Le robaron "todo". Incluida la posibilidad de calefaccionarse y comer dignamente por unos días más, hasta que las changas mejoren. Y encima de eso, el destrato.

"Me dijeron que deje de llamar porque ya molestaba", cuenta María.

La única respuesta de la Policía fue la burla y una invitación a la resignación. Le explicaron que por ser una moto muy "particular" y difícil de disfrazar la debían haber desarmado rápidamente.

"Necesito recuperarla", dice María. La precisa para llevar a los chicos al colegio y llegar al trabajo que por estos días busca. Es su medio de transporte, su único capital.

Hasta ahora sólo recibió indiferencia y burla de quienes deberían estar para ayudarla, una aflicción igual o peor que la del robo.

Escuchá el relato de María.


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