02/12/2019

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¿Qué podía salir mal?

Los y las docentes de la Escuela de la Local escribieron "esto no debió pasar"

por
Juan Perone

Tras el suicidio de la agente Sofía Aparicio con su arma reglamentaria, los y las docentes de la Escuela de la Policía Local, que la tuvieron como estudiante, emitieron un comunicado bajo el título "Esto no debió pasar". El pronunciamiento también se hizo extensivo al suicidio de otro agente de la misma fuerza, en junio de 2018: Lucas Pérez Cordero.

Los y las docentes de la Escuela de la Local escribieron "esto no debió pasar", pero pasó. No sólo eso. Era evidente que podía pasar.

No se puede desconocer que la Policía Local se montó más como una herramienta política que como una verdadera política de estado orientada a la seguridad y a la formación de una fuerza de proximidad distinta a la Bonaerense. Fue una acción rápida y electoral para dar respuesta a los distritos que estaban cercados por los índices de inseguridad creciente y una alternativa laboral para el sector más vulnerable del mercado laboral formal argentino: los jóvenes.

Apenas seis meses de instrucción, un plan de estudio formalmente ambicioso pero sin chances de ser desarrollado y aprendido en profundidad, mínimas posibilidades auscultar en la psicología de los aspirantes, una relación imposible con la difícil realidad de ser poseedor y custodio de un arma de fuego.

Seis meses para aprender las obligaciones de una "autoridad" equilibrada y sin los excesos que da el poder malentendido, seis meses para traducir de la teoría a la práctica lo que significa representar al Estado en cada acto, en cada gesto, en cada decisión. Seis meses para aprender el dificilísimo equilibrio de administrar el monopolio de la fuerza.

¿Qué podía salir mal?

Como si esa tarea no fuese de por sí difícil, esos mismo jóvenes, tras seis meses de escasa instrucción, debían incorporarse a una institución difícil y cuestionada, por su historia y por su presente; una institución atravesada por la corrupción y la violencia, el machismo, la jerarquía empinada, el silenciamiento ocultista de lo que ocurre puertas adentro, los códigos y las reglas no escritas aplicadas entre sus miembros.

¿Qué podía salir mal?

En la carta, los docentes hablan de "serias fallas en la institución" que "somete a la arbitrariedad y tiranía cotidiana a quienes trabajan con honor en ella". Hablan también de una institución "que no se ha ocupado de quienes otorgan gran parte de su vida a proteger a la comunidad".

A esta altura, no tiene sentido hablar de la necesaria vocación sino de la capacidad psicológica de quien en un mismo movimiento debe encarar dos situaciones complejas: asumir el rol de autoridad frente a la comunidad y sobrevivir en una institución desmesuradamente jerárquica donde todavía imperan "valores" arbitrarios, perimidos y dañinos. Asimilar injusticia y devolver Justicia. Difícil.

"La realización personal de quienes son profesionales de la seguridad pública, no es una posibilidad. En ese orden de ideas, demandamos respuestas de quienes ostentan posiciones jerárquicas, sean autoridades policiales o civiles, de manera tal que intervengan en forma activa en este contexto nocivo para poder revertirlo", pidieron los docentes.

¿Qué podía salir mal?

Todo. Absolutamente todo podía salir mal. Jóvenes alentados por un trabajo más que por una comprensión de lo que estaban por encarar; autoridades políticas apuradas por sumar uniformados en las calles y transmitir la sensación de seguridad; un programa de formación insuficiente que se organizó sobre la marcha; una institución cuestionada históricamente por sus excesos dentro y fuera de sus muros; una sociedad sembrada de valores enclenques y atajos superficiales.

¿Qué puede salir mal?

Todo.


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