03/04/2020

Opinion VOLVER

Los argentinos que van a la cola

por
Juan Perone

Hoy, miles de personas se agolparon en las colas de los bancos para cobrar sus beneficios. Lo hicieron porque no tienen sus tarjetas de débito, no las tienen activas o porque cobran por ventanilla, como en el caso de los beneficiarios del seguro de desempleo. Muchos de los que hoy se plantaron frente a los bancos son adultos mayores que nunca se han podido adaptar a los medios electrónicos ya que desconfían del dinero que no chasquea en sus dedos.

El Estado y sus organismos sabían de esta situación. Era un cuello de botella que se venía estrechando. Incluso, lo sabían desde mucho antes de la crisis. Los bancos sabían, el sindicato de los bancarios sabía.

La crisis saca lo mejor y lo peor, de las personas y de las instituciones. De estás últimas, saca a relucir eficiencias e inoperancias. El escenario de hoy, de miles de personas haciendo cola en la calle en medio de una pandemia, sacó a relucir una formidable inoperancia cuyo costo podría enturbiar la principal eficiencia demostrada hasta ahora: haber declarado la cuarentena a tiempo para frenar el contagio.

Inoperancia del Estado, del sistema bancario -siempre tan eficiente para sacarnos dinero- y del sindicato. Es cierto, se trata de un escenario impensado, pero se supone que al frente de estos espacios, los funcionarios, CEOs y secretarios generales son los más lúcidos de su grupo ¿no?

También sacó a relucir la ausencia del acompañamiento familiar de muchos de esos adultos. ¿Ninguno de ellos, tiene un hijo, nieto o sobrino, un apoderado que pueda hacer la cola por ellos? ¿Ninguno puede adelantar o prestar a los jubilados el dinero necesario para pasar otros 10 días sin necesidad de recurrir al banco? ¿Cómo pedirle sensibilidad a un Estado si la suma de sus componentes no la muestra en el cotidiano y en su entorno inmediato? La imagen de un jubilado en una cola de dos cuadras es también la imagen del desamparo.

¿Y la solidaridad? ¿Dónde están los trabajadores de los bancos? ¿Dónde los trabajadores del Estado que deben controlar y garantizar los servicios mínimos? ¿Dónde está escrito que un trabajador de supermercado corre menos riesgo que un trabajador bancario, de PAMI o Anses? ¿Acaso éstos últimos no son atendidos todos los días por el kiosquero y el frutero? ¿Dónde está escrito que es más esencial un camionero que lleva el cereal a puerto que un bancario que asegura que el dinero llegue a su beneficiario? ¿Qué lo diferencia de un trabajador municipal que debe ir todos los días a un control rutero? ¿Acaso los movileros de los medios de comunicación están más inmunizados que un trabajador de PAMI?

Para que el país siga respirando, el aislamiento no debe transformase en ausencia. Cuidarse no es borrarse. El que debe articular es el Estado y no hay presión sindical -privada o estatal- que pueda pesar más que el bien común.

Postear canciones desde el encierro, defender gobiernos o criticarlos desde la comodidad de una sesión de Facebook, no nos hace mejores o peores. Tampoco nos hace más patriotas desafiar el aislamiento cuando podemos evitarlo.

La necesidad del aislamiento obligatorio no puede excusar a todo el mundo: hay quienes deben seguir (protegidos) en sus puestos para que la gran mayoría se cuide en sus hogares.

Muchos deberían estar haciendo lo que saben, y para lo que se les paga, para que esta crisis no sea más difícil de lo que ya es.

La imagen de los bancos hoy, es la imagen de la Argentina y de su desigualdad. Y también la imagen de la solidaridad enunciada con la que se conforman los indolentes.


Foto: facebook

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