28/06/2020

Sociedad VOLVER

¿Qué juguetes sexuales buscan los tandilenses en cuarentena?

Tandil es una ciudad careta. Es así. No hay que darle vuelta a la cosa.

Esa señora parca y modosa que vemos haciendo la cola en el Monarca no ve la hora de llegar a su departamento, enfundarse en cuero o látex y estrenar su última adquisición: una fusta suave y enérgica que sabe buscar el placer en ese punto justo donde el dolor se asoma.

Y ese encargado rudo, que toma mates con testosterona, come bizcochitos de anabólicos y escupe homofobia como una ametralladora, también está impaciente. Esta noche estrenará un estimulante prostático y un lubricante que le recomendaron como el mejor. Se los ha regalado su mujer para el aniversario de bodas. Los probarán juntos.

Entre tanto, dos pibas, sin historia, se han juntado en la puerta de la Galería Los Puentes porque han decidido que la autosatisfacción les dará cierta autonomía, un ahorro importante de energía y tiempo. Comprarán un vibrador fácil de trasportar, en la mochila o en la cartera y lo bautizarán con nombre propio.

Para los pibes también hay: figuras de silicona que tienen forma de vagina, rostro de una mujer con un rictus de asombro o una cola trabajada en el gimnasio. Todo, hipoalergénico, por supuesto.

En esta ciudad, donde el sexo todavía es tabú, su glosario es de mal gusto y las fantasías se esconden más que las deudas financieras, funciona un sexshop en pleno centro. "Intenso" tiene un local en la Galería de Los Puentes. Sus dueños son pareja y suelen atender juntos. No falta quien caiga al negocio y les pregunte si ellos son "swingers". "Nooo, nada que ver", dice Nicolás, "somos una pareja común que tenemos este negocio". Claro que ellos saben que no es un negocio más.

Venden placer, o mejor dicho... venden las promesas de placer.

Compiten con al menos seis vendedores en Tandil que se manejan en las redes sociales pero no les faltan clientes. Algunos van todas las semanas. Otros, más esporádicamente. Algunos vienen a buscar un producto que ya acordaron con su pareja o investigaron detalladamente por Internet y otros, pasan a ver si llegó alguna novedad. Levantan de la vitrina, tocan, acarician, huelen. Van al local sin saber exactamente qué buscan. Lo deciden en el momento como quien va a comprar ropa. Una ropa que no se puede devolver, claro.

"Viene gente que dice 'yo quiero esto' y muchas veces le tenemos que preguntar si está seguro de saber para qué sirve. O incluso con los tamaños... porque vienen a buscar cosas gigantes", se ríe Natalia.

"Nosotros tenemos página pero intentamos que vengan acá, que conozcan el producto que se van a llevar. Insistimos para que lo hagan. Está bueno que lo toquen, que prueben la vibración y todo lo que puede hacer", explica.

Hay de todo. Hay gente que siente pudor al tocar los productos y los mira de lejos. Y hay gente que no tiene drama; revisa bien antes de pagarlo, se fija en la textura, lo huele, lo mide. Lo más común es el pudor en los extremos de las edades de los clientes. De 30 a 50 años ya llegan más relajados y seguros.

Algunos traspasan la puerta del local solos y otros, en pareja. No falta quien venga en carácter de delegado: toma fotos, consulta y envía todo por whatsapp. Del otro lado, definen, si se compra o no.

¿De qué edad son los tandilenses que van al sexshop? Se van a asombrar. Desde los 18 en adelante. El cliente más longevo tiene 86 años. ¡Qué tal! El placer no tiene edad. Y algunas personas han descubierto, antes que tarde, para qué están hechas algunas partes del cuerpo.

"Hoy en día está muy en boga el tema de la autoestimulación", explica Natalia. "No sabés la cantidad de mujeres que vienen decididas a autoestimularse, a descubrir su propio cuerpo", dice.

En estos tiempos hay mucho sexólogo/a en programas de televisión y en las redes sociales y esa información vale oro para insuflar determinación.

Y en este contexto llegó la cuarentena y se puso de moda el sexo virtual como una medida de no arriesgarse. Es más, lo recomendó el mismo Gobierno en una conferencia de prensa que fue muy comentada en su momento.

Lo más pedido

En sus vitrinas hay clásicos pero también las últimas novedades del rubro.

¿Qué fue lo último que llegó al local? Un "succionador de clítoris". Una suerte de turbinita infernal que saca el aliento.

Estos succionadores y vibradores se conectan por bluetooth y hasta se pueden manejar desde el celular. Y ahí no se termina la cosa. Se cargan con puerto USB -lo que es una ventaja sustancial para quienes tengan conciencia ambiental- y son "a prueba de agua", sumergibles. ¿El precio? De 6 mil a 15 mil pesos según la calidad. Los productos importados se mueven al valor del dólar. ¿Quién dijo que el placer no cuesta una moneda?

¿Cuánto sale el juguete sexual más caro del local? Te vas a caer de espaldas: 50 mil pesos. Una fortuna. Tanta, que sólo lo traen por pedido.

Pero no todo es sexo en la vida, amigos. Hay quienes le han encontrado otros usos a los vibradores. "Hay gente que nos ha contado que usa los vibradores como masajeadores para pies o para sacarse las contracturas en la espalda", dice Nicolás sin esconder la sonrisa. "Está perfecto. Cada uno le da el uso que quiere".

¿La clase social define la compra? Por supuesto que sí. La clase más pudiente de Tandil prefiere comprar por Internet y evitar la exposición. "Acá en Tandil todavía pesa mucho el qué van a decir", aseguran.

¿Tienen más clientes-hombres o mujeres? Mujeres, sin ninguna duda. Son más las que van al local y a ese número se suman las que compran a través de sus parejas. Lo dicho: está en auge la estimulación femenina. Definitivamente, las mujeres han decidido conocerse. Y el compañero no siempre es un buen copiloto.

"El hombre es mucho más falocéntrico", dice Valeria. "En cambio la mujer no lo es". "A la mujer le cuesta más llegar al orgasmo y hay mucho varón que a pesar de los años no sabe cómo darle placer a una mujer".

"Vienen acá pensando en darle placer a la mujer y lo primero que buscan es una forma fálica y algo de gran tamaño. Entonces yo les hablo como mujer. Y le recomiendo que no piense tanto en el tamaño, como en la estimulación. ¿Entendés? Hacemos de sexólogos también".

Bombas de vacío para conseguir una erección, anillos de goma para mantenerla. Bolitas de goma para fortalecer las paredes vaginales y conseguir mejores orgasmos. Todo tiene su demanda.

¿Cuál es el producto más vendido por estos días? Un anillo vibrador de silicona que ayuda a la función eréctil -para él- y aporta la estimulación por vibración para ella. Es como un combo pero que se desarma y se puede usar por separado. Básicamente, será ella quien podrá usar esa bala cromada que vibra como un demonio. Una ganga: en torno a los 1200 pesos, "para el bolsillo del hombre y la cartera de la dama".

¿El producto más buscado por los varones? No caben dudas: el 2020 es el año de la estimulación prostática a través de un pequeño artefacto que va en la cola del caballero. Puede ser básico o con vibración y arranca en los 600 pesos. Los "homo tandilensis" van aflojando con sus prejuicios y las estadísticas no dejan dudas.

¿El producto más pedido por las mujeres? El minivibrador. Compacto, de sólo diez centímetros y camuflado como un lápiz labial. Viene de colores y hasta con strass. En los productos femeninos la cuestión estética no es menor. Por el contrario, la apariencia es tan importante como la eficiencia a la hora de elegir.

Hubo un antes y un después de la película "Cincuenta sombras de Grey". El negocio de los juguetes sexuales dio un salto. Muchas parejas tandilenses llegan al sexshop buscando las esposas o el látigo que se ve en el film.

Es que las películas eróticas son más estimulantes que las porno. Muestran menos, sugieren más, crean misterio y por lo tanto, deseo.

"Hay mucha película porno dando vuelta, pero el porno es sexo-mentira. Todos los que tenemos sexo sabemos que eso que estamos viendo no existe. Son actores representando algo que tiene poca relación con la realidad. Las películas eróticas llegan de otra forma y eso se nota", explica Valeria.

Cincuenta Sombras de Grey fue el caso paradigmático. "Nos ayudó un montón a vender", admite Nicolás. La onda sadomasoquista o fetiche es muy amplia, desde un par de esposas hasta látigos y palmetas o un soporte para uno o dos consoladores, pasando por una mordaza de cuero y goma. Todo en negro y reluciente acero.

¿Lo consumen jóvenes o mayores? Todos, aseguran. Desde los 18 ya empiezan a llevar esposas o sujetadores para pies y muñecas. El látigo arranca a partir de los 40.

"Generalmente, la idea de venir a comprar algo de esto es de los dos. A los dos les debe excitar este juego y deben estar dispuestos a probar", detalla Nicolás. Están los que prueban y siguen viaje y están los que se quedan y se hacen expertos en este juego de dominación y sumisión que sobrevuela la idea del dolor como un camino hacia el placer.

Finalmente, el caballito de batalla del local son las cremas lubricantes. Las hay para todos, todas y todes. Anales y vaginales, dilatadoras, adormecedoras pero también estimulantes. Sabores y aromas para todos los gustos. ¿Te gusta el chocolate? Hay. ¿El dulce de leche? Hay. ¿El capuccino? No lo vas a creer. También hay.

Lo dicho. Un mundo en un pequeño local que ofrece lo que muchos quieren pero sin que se entere el resto. Pero la cosa está cambiando. Hay cada vez más gente que va a buscar lo que desea sin mirar para el costado o bajar la mirada.

"Hay personas que pasan primero por el frente del local y si no ven a nadie, entran. Otros, no tienen ningún problema, ingresan de una. El protocolo de atención obliga ahora a entrar de a uno. ¿Es un problema? Para nada", asegura Nicolás.

Los habitué, hacen cola afuera (sin ningún doble sentido), con barbijo y a metro y medio. Se dan conversaciones en la espera. El tiempo, la falta de dinero, el precio de la fruta... en fin, charlas de la vida.

A unas cuadras de ahí, en otra galería, miles de pibes, hace muchos pero muchos años, se imaginaban poseedores de todas las fantasías que ofrecía la juguetería Aladino. Hoy, parte de esa generación, pasa por la Galería de Los Puentes y mira para adentro. Algunos se animan y entran. Otros siguen caminando, con la misma sensación que tuvieron de pibes: con ganas, pero con ganas nomás.


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