01/07/2020

Sociedad VOLVER

¿Cuál fue el juego de mesa que se agotó en Tandil durante la cuarentena?

La cuarentena modificó las costumbres de los tandilenses en muchos sentidos. El encierro obligó a buscar pasatiempos individuales o familiares y en este nuevo dinamismo resurgieron los juegos de mesa.

Con los negocios no esenciales cerrados, las operatorias se cerraron en forma "online". Liliana Schonfeld, titular de la juguetería Pekita's, aseguró que la reapertura fue un alivio. "Nunca estuvimos tan contentos por abrir un local", indicó. "Pero lo cierto es que si bien nos costó los primeros 15 días, luego tuvimos la oportunidad de vender mucho en forma online".

Ahora, reabrieron al público pero todavía hay muchos que utilizan las redes para preguntar y sacarse las dudas hasta de formalizar la compra. "La gente se está cuidando mucho todavía", advierte Liliana.

Y de todos los juegos de mesa ¿cuáles eligieron los tandilenses durante los días de encierro? Los clásicos, por supuesto: dados, el Juego de la Oca, Damas y Ludo, por dar nombre de solo algunos de los inagotables tableros de encuentros intergeneracionales.

Pero hubo uno que la rompió. Se agotaron.

¿De qué estamos hablando? De los rompecabezas o puzzles, como se les dice últimamente.

"Fue impresionante. Nos quedamos sin puzzles", aseguró Liliana.

Los más requeridos fueron los más grandes. De 3 mil piezas para arriba. El de 6 mil es el más complejo y el más difícil de ubicar en un hogar.

Los solteros los armaron sobre las mesas; las familias con niños los armaron sobre maderas o cartones que colocaban debajo de la cama hasta el momento de retomar el armado. Perder una pieza es un pecado mortal para quien emprende una empresa de esta envergadura.

Con miles de gustos para elegir los motivos y estrategias para organizar su armado, los puzzles fueron el pasatiempo más elegido de los tandilenses. Y todavía siguen muy demandados. El único problema es que los más grandes parecen haberse agotado. Quedan los más pequeños. Y reponerlos desde fábrica no parece tan sencillo en estos tiempos.

"Me asombra siempre la gente que compra uno de esos y después de un tiempo vuelve a comprar otro, igual o más grande. Realmente los envidio por la paciencia y se los digo cada vez que llevan uno", contó Liliana.


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