14/12/2020

Opinion VOLVER

Volvió la tracción a sangre a las calles de Tandil

por
Raúl Escudero

La irrupción en la ciudad de las llamadas plataformas de delivery significa no solo una precarización laboral para decenas de trabajadores y trabajadoras, principalmente jóvenes, sino un retroceso como sociedad. Ante un Estado municipal que se lava las manos.

Me pregunto si no estamos asistiendo con pavorosa naturalidad a nuevas formas de esclavitud impuestas por una supuesta modernidad que nada tiene que ver con los avances tecnológicos, que siempre deben estar al servicio de las personas. Por el contrario, parece que hemos vuelto a las épocas donde la tracción a sangre era uno de los métodos del transporte de mercadería.

¿Qué es si no la presencia cada vez más notoria de decenas y decenas de jóvenes en nuestras calles, cargando sobre sus espaldas con esas enormes cajas o mochilas donde llevan los pedidos? A bordo de sus bicicletas, bajo un sol inclemente, con temperaturas de más de 30 grados, con lluvia o con fríos extremos, deben trabajar varias horas por día para asegurarse un ingreso que así y todo no deja de ser mísero.

No solo eso: la empresa para la cual trabajan -una empresa sin nombres, sin rostros, sin dirección- no se hace cargo de nada. No solo deben poner sus propias motos o bicicleta, sino que también deben comprar su mochila. No tienen la más mínima cobertura por accidente ni ART y son obligados a inscribirse en el monotributo. Se los considera "trabajadores independientes", pero son víctimas de nuevos métodos de explotación. Por 60 o 70 pesos por mandado.

Pero insisto que me preocupa que todo esto ocurra ante la mirada desentendida de las autoridades y de quienes deben regular las condiciones no solo laborales, sino también económicos, contributivas y sanitarias.

¿Cuánto aportan en concepto de tasas municipales estas empresas? ¿Qué responsabilidad asumen ante un accidente vial sufrido por uno de sus trabajadores? ¿Cuáles son las normas que Bromatología les exige como lo hace con cualquier otra empresa o trabajador que debe transportar o manipular alimentos? Las respuestas para todas estas preguntas es nada. Cero. Ninguna.

El negocio, a costa del aprovechamiento de los miles de jóvenes que no encuentran un trabajo digno, es redondo para estas empresas, que se quedan con entre el 20 y el 25 por ciento del valor del pedido. Todo esto ante un Estado Municipal que mira para otro lado. Siempre para el mismo.

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