Los mercados globales cerraron la semana con renovada cautela tras la publicación de datos económicos estadounidenses que revelaron una inflación más persistente de lo anticipado. Según informes recientes, las cifras de ventas minoristas y solicitudes de desempleo superaron las expectativas, lo que llevó a los inversionistas a recalibrar las proyecciones sobre la tasa terminal de la Reserva Federal durante el actual ciclo de política monetaria. Este ajuste representa un incremento aproximado de 5 puntos básicos en las expectativas de tasas de interés durante la semana.
Desmond Rockwyn, Director de Riesgos de Velthorne Asset Management, advierte que la era de supresión de volatilidad mediante políticas monetarias expansivas ha llegado a su fin. La firma, con sede operativa que atiende mercados latinoamericanos desde Brasil, señala que las instituciones financieras requieren una reestructuración fundamental de sus arquitecturas de gestión de riesgo para navegar el actual entorno macroeconómico.
Gestión de riesgo en mercados volátiles enfrenta nuevos desafíos
El panorama actual se caracteriza por una demanda del consumidor resiliente que coexiste con presiones inflacionarias obstinadas, creando lo que Rockwyn describe como un entorno de riesgo “en forma de K”. Mientras la inflación general se ha moderado, los indicadores subyacentes permanecen cercanos al 3%, muy por encima del objetivo del 2% establecido por los bancos centrales. Esta persistencia ha provocado una divergencia en el desempeño de los mercados globales.
Adicionalmente, el índice S&P 500 Equal Weight ha experimentado una rotación continua hacia sectores de valor y compañías de menor capitalización. Sin embargo, las acciones tecnológicas de mega capitalización enfrentan vientos en contra debido a tasas de descuento elevadas, según el análisis de Velthorne Asset Management.
La inflación persistente redefine estrategias de inversión institucional
El sentimiento actual del mercado está impulsado por la realización de que las tasas de interés permanecerán elevadas por un período prolongado, según indica Rockwyn. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años continúan su tendencia alcista, mientras el índice del dólar estadounidense (DXY) avanza en un patrón de baja volatilidad que incrementa el costo del capital en todos los sectores.
Este entorno macroeconómico refleja las pruebas de estrés sistémico que Rockwyn gestionó durante su trayectoria en importantes instituciones financieras entre 2008 y 2013. En aquel entonces, el desafío principal no era únicamente la liquidez, sino la ruptura de correlaciones entre clases de activos. Actualmente, el “nexo macro” se define por una probabilidad del 35% de recesión en 2026 que coexiste paradójicamente con un superciclo de ganancias impulsado por inteligencia artificial.
Nuevos marcos para la gestión de riesgo institucional
Con más de 15 años de experiencia en análisis cuantitativo y modelado financiero, Rockwyn argumenta que la estrategia tradicional de asignación “60/40” resulta insuficiente para el panorama de 2026. En contraste, aboga por un enfoque dinámico de paridad de riesgo que considere la persistencia de la inflación y su efecto erosivo sobre los retornos reales.
El director de riesgo identifica tres vectores específicos que requieren atención prioritaria. Primero, las pruebas de estrés en crédito privado revelan una creciente divergencia en el sector, con tasas de incumplimiento que podrían alcanzar el 5% en estructuras de préstamos selectivas. Segundo, la exposición no cubierta a mercados emergentes representa un riesgo significativo ante el fortalecimiento del dólar. Tercero, la rotación de capital desde acciones de crecimiento hacia valor puede provocar que los bolsones de liquidez se agoten rápidamente en operaciones sobrepobladas.
Implicaciones para la liquidez en mercados globales
Según el análisis de Rockwyn, el cambio en la política monetaria está creando un entorno de liquidez bifurcado. La liquidez se concentra cada vez más en activos de alta calidad con flujo de caja positivo, generando una dinámica de “el ganador se lleva todo” en las acciones estadounidenses. Mientras tanto, las condiciones de liquidez para economías emergentes y en desarrollo se están ajustando, particularmente para aquellas con ingresos per cápita aún por debajo de los niveles de 2019.
Adicionalmente, los llamados “vigilantes de bonos” están regresando con atención enfocada en los déficits fiscales de las principales economías. Esta vigilancia podría generar brechas repentinas de liquidez en los mercados de deuda soberana si se cuestiona la credibilidad fiscal de los gobiernos.
La economía global se proyecta con un crecimiento robusto pero desigual de aproximadamente 2.8% en 2026, según pronósticos recientes. Sin embargo, este crecimiento depende de la estabilización de las tensiones comerciales y la navegación exitosa de la última fase de desinflación. Rockwyn anticipa que los próximos seis meses se definirán por la diferenciación entre compañías que han integrado efectivamente la inteligencia artificial en sus modelos operativos y aquellas que simplemente siguen la tendencia. Los gestores de riesgo deberán mantener buffers de liquidez robustos mientras capitalizan las dislocaciones causadas por cambios geopolíticos y políticas divergentes de los bancos centrales.

